Cóndor,
una especie amenazada
Habitante
exclusivo de los Andes fue divinizada
por antiguas civilizaciones y es aun,
hoy emblema de varios países Los
araucanos lo llamaban mañque y
los quichuas, cunturi. Los aborígenes
del altiplano le dicen mallcu y en las
sierras de Tucumán y La Rioja,
simplemente cuervo. Figura en los escudos
nacionales de Chile, Bolivia, Colombia
y Ecuador, y en la bandera de este último
país. También en la moneda
chilena y es, incluso, "pájaro
nacional" de varios países
latinoamericanos. Lo cierto es que el
cóndor, el ave de presa de mayor
tamaño de todas cuantas existen
en el mundo, se encuentra en grave peligro
de extinción.
Observar
su majestuoso y paciente vuelo sobre
la Cordillera de los Andes resulta una
tarea cada vez más difícil.
Recientes estudios indican, por ejemplo,
que en Colombia sólo quedan 200
ejemplares.
En
nuestro país, la especie también
se halla seriamente amenazada, pese a
que el cóndor habita en toda la
franja cordillerana que se extiende desde
Jujuy hasta Tierra del Fuego. Desgraciadamente,
esta enorme ave vuela a escasa altura
en busca de su alimento, lo cual la convierte
en un fácil blanco para cazadores
inescrupulosos.
Se
interrumpe así el ciclo vital
de uno de los animales con mayores posibilidades
de sobrevivencia, pues se cree que el
cóndor vive alrededor de 50 años.
En algunos zoológicos se llegó a
observar ejemplares con más de
80 años de vida.
DANZA
NUPCIAL
El celo y la incubación de estas grandes aves transcurren durante
julio y agosto. Una "danza nupcial" precede a su apareamiento:
el macho extiende al máximo sus alas delante de la hembra, a la
vez que tuerce el cuello, se roza el pecho con el pico y emite sonidos
que recuerdan el golpeteo de maderas. El color rojizo del cuello y de
la cabeza cambian en esos momentos a un amarillo brillante y muy vistoso.
Finalmente, el macho suelta un suspiro profundo, mientras la hembra se
acerca y le acaricia la cabeza y el pico.
|
 |
A
diferencia de otras aves, el cóndor
anida en lugares poco resguardados: en
alguna oquedad de la roca y, muy frecuentemente,
en salientes expuestas al sol y a las
inclemencias del tiempo. La puesta consta
en general de un solo huevo blanco -a
veces manchado- con un tamaño
de 115 mm por 70 mm. Tanto el
macho como la hembra se encargan de empollarlo
durante los 42 a 58 días que dura
su incubación, a lo largo de la
cual es común ver a uno de los
cónyuges soportando inmóvil
la lluvia, la nieve y el viento helado.
El
polluelo nace débil y con los
ojos semicerrados: es sensible al frío
y debe ser cobijado continuamente por
sus padres.
En
los primeros meses, el cóndor
está cubierto de una pelusa fina
y rizada, de color blanco agrisado, y
se alimenta con pequeños trozos
de carne que sus padres regurgitan previamente.
El
nido es atendido indistintamente por
el macho y la hembra, durante el largo
período de la cría. Recién
al cabo de 6 a 8 meses, el pichón
podrá volar, momento en el que
romperá el lazo con sus padres
e iniciará su existencia errática.
Al año posee un plumaje de color
café grisáceo parejo y
uniforme, que cambiará recién
a los 4 o 5 años, cuando alcanza
la madurez sexual, por su plumaje definitivo:
negro en todo el cuerpo, y blanco en
las cobertoras de las alas.
El
macho se diferencia de la hembra por
su mayor tamaño y por su
cresta, que se levanta encima de la cabeza
y el pico. La cabeza de ambos es desnuda,
con la piel arrugada, de color pardo
y tintes violáceos. Al cuello
lo rodea un collar blanco, muy suave
y algodonoso. Un macho adulto alcanza
una envergadura alar de 2,80 m y
no son pocos los que llegan a sobrepasar
los tres metros. Su estatura promedio
supera el metro y pueden pesar hasta 20
kilos.
El
cóndor se alimenta de la carroña
de cualquier animal muerto: ganado, ciervos
e incluso lobos marinos y peces que han
quedado varados en la playa. No obstante,
estas aves pueden aguantar ayunos que
se prolongan varios días y hasta
semanas. Pese a lo que cree el común
de la gente, sus garras están
mal armadas y no poseen la fuerza prensil
necesaria para soportar un peso considerable,
como el de un cordero, por ejemplo. Además,
su dificultad para levantar vuelo en
el llano (tiene que "carretear" como
los aviones por un largo trecho hasta
que muy lentamente gane altura) le impediría
de hecho despegar del piso. En cambio,
su pico sí es muy fuerte y cortante,
lo cual le permite destrozar las presas.
Sólo
llegan a matar animales moribundos o
recién nacidos cuando un ayuno demasiado
prolongado le da al ave un atrevimiento
que habitualmente no posee. Si hay buena
comida y abundante, come todo el grupo
de cóndores. Si es escasa, se traban
en lucha, única causa de riña, pues en
general son muy sociables.
El
sentido más desarrollado del cóndor es
la vista, aunque subsiste una serie de
enigmas aún no esclarecidos. Hay quienes
sostienen que encuentra su alimento por
medio del olfato. Sin embargo, se realizaron
experiencias en las que se tapó con un
simple papel trozos de carne descompuesta
y el cóndor pasó sin notarlo. Pero, por
otro lado, esta ave llega a descubrir
los restos de algún animal muerto por
un predador, como el puma, que los esconde
tan bien que resulta imposible distinguirlos
con la vista.
Aparentemente,
la señal de que hay comida para el cóndor
la producen las diminutas moscas cadavéricas,
que sí son atraídas por el olor. Estas
moscas son vistas por los cóndores desde
cientos de metros de altura, como se
comprobó mediante varios experimentos.
Otro
de los hechos enigmáticos que
provoca el cóndor es su poderoso
aparato digestivo. Los cadáveres
contienen tóxicos muy activos
que en caso de ingerirlos pueden provocar
serios trastornos, muchas veces mortales.
El cóndor ingiere estas sustancias,
que envenenarían a otros animales,
como si fueran suculentos bocados.
Más
allá de estas singularidades biológicas,
una de las características más
espectaculares de esta ave es su vuelo
majestuoso. Los cóndores son grandes
planeadores y saben utilizar a la perfección
las columnas ascendentes de aire caliente
-las corrientes térmicas- que
le permiten "flotar" a grandes
alturas. Su velocidad es de aproximadamente
60 km/h y cuando han ganado suficiente
elevación dominan un amplísimo
horizonte que les posibilita detectar
la carroña o el descenso de otros
buitres sobre los cadáveres. En
general, se los ve volando en solitario
o en parejas, aunque también suelen
hacerlo en grupos no muy numerosos. Rara
vez se vieron bandadas de más
de 50 cóndores. No obstante
que el hábitat natural de los
cóndores son las zonas de gran
altura, mantienen una cota por encima
de la cual es muy rara su incursión.
Este techo se encuentra entre los 5.500
y los 6.500 metros de altitud, mientras
que es común observarlos común
observarlos entre los 2.000 y los 4.000
metros.
|
 |
Por
su tamaño, su colorido y su aspecto
de guardián avizor despertó la
admiración de todas las civilizaciones
que se asentaron en la Cordillera de
los Andes. Los indios aimará y
los quechuas lo divinizaron, considerándolo
emisario del Sol y protector de su pueblo.
Para los calchaquíes era sinónimo
de vida eterna y aún hoy es el
símbolo de la raza indígena.
Sin embargo, nuestra época está asistiendo
quizás a su definitivo ocaso.
|